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9158349623 jun 2013 17:20   Esta eterna pelea entre dos facciones. Vender la idea de que privatizar significa que las grandes transnacionales serán dueñas de nuestros recursos. Está claro que hay dos agendas definidas, una, la que pugna por abrir la paraestatal a la inversión privada y la otra, que quiere mantener las cosas como están.

La realidad es que el petróleo no es de los mexicanos. El petróleo pertenece al sindicato, al gobierno y unos cuantos concesionarios, que han hecho muchísimo dinero.

La discusión podría ser útil si se pusiera sobre la mesa la posibilidad de que cada mexicano pudiese invertir, tener acciones en “su” petróleo. Se combatiría la pobreza de manera directa si a los grupos más pobres se les permitiera invertir aunque fuera algo mínimo.

Está claro que la falta de refinerías hace que la mayoría de este dinero se quede en manos de otras personas, lo cual es una privatización de facto.

Si el gobierno financía el gasto corriente a partir de las utilidades del petróleo entonces somos totalmente petro-dependientes. A pregunta expresa, Denise Dresser dijo que lo mejor que le podría pasar a México sería quedarse sin petróleo.

Sin petróleo el gobierno estaría obligado a cobrar impuestos. Y nosotros podríamos exigir la transparencia en el uso de ellos. Pero como ese es un escenario poco probable en los próximos años, entonces tendríamos por fuerza que buscar un esquema en el cual los más necesitados puedan acceder a parte de las utilidades de esta gran empresa.

La falacia consiste en asumir que solamente el capital extranjero puede modernizar nuestra industria petrolera. Pensar no es necesariamente el fuerte de nuestros políticos, anclados en el cortoplacismo.

Modernizar Pemex y hacer partícipes a todos los mexicanos implica soluciones creativas. Esa debería ser la parte medular de la discusión. Como hacer que todos los mexicanos podamos aportar algo al crecimiento de este recurso no renovable.

Porque en algunos años, cuando este recurso se haya agotado, voltearemos atrás y veremos cómo desperdiciamos una oportunidad histórica. Y se trata de establecer un parámetro de participación. Esta debe estar acotada a cierta cantidad y hacer que los recursos fluyan de manera transparente, lo cual es la parte más difícil.

Esto implica también sacudir los esquemas mentales, cambiarlos. Los mexicanos somos reconocidos a nivel mundial como gente creativa, por lo cual deberíamos de cambiar de un sistema netamente representativo a uno participativo. Elevar el nivel de la discusión.

A la clase política le importa poco nuestra opinión pues no nos representan. Representan a sus partidos políticos. Acotar el poder de estos se convierte entonces en una prioridad. Esa es la agenda pendiente que tenemos como ciudadanos. En Estados Unidos los ciudadanos se organizan. De hecho, el ciudadano común pertenece a varias organizaciónes no-gubernamentales.

En México lo podemos hacer también. Los más pobres queremos también un pedacito del pastel. Que la riqueza que tenemos (no solamente la petrolera) pueda beneficiar a todos.

Carlos Slim dijo en alguna ocasión que los pobres no eran negocio. Y tiene razón. Para los grandes capitales los pobres no son negocio. Par el estado sí. Sin pobres el estado tendría que reducirse, lo cual va contra su naturaleza. Seamos creativos. Exijamos nuestra parte del petróleo y forcemos a los políticos a pensar. Después de todo, no les pagamos con piedritas.

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